| “Los
jueces de la Suprema Corte son operadores políticos”
Siente que fracasó el nuevo fuero contencioso administrativo.
Afirma que perdió el efecto de controlar al poder porque
el máximo tribunal bonaerense le cercenó la competencia.
Habla de la falta de independencia del Poder Judicial y de la escasez
de transparencia en la elección de los jueces
Como pocos o casi ningún juez en la Provincia, Luis Federico
Arias no se calla nada. Y eso que sabe de las consecuencias: ya
intentaron iniciarle un proceso de jury. Es el titular del Juzgado
en lo Contencioso Administrativo nº 1 de La Plata, y en diálogo
con Hoy analiza el servicio de justicia bonaerense cuestionando
el sesgo político y la falta de independencia de la magistratura,
los peligrosos juegos con el poder, los fallos a conveniencia y
el poco transparente mecanismo de selección de jueces con
postulantes “besa manos”.
Arias sostuvo que con la sustracción de competencias por
parte de la Corte donde hay situaciones políticas implicadas,
con la negativa de ciertos tribunales administrativos para ser juzgados
en primera instancia y con distintos per saltum como el caso Scioli,
“han dado como resultado que los fueros contencioso administrativos
se hayan convertido en juzgados de ejecuciones fiscales”,
perdiendo su principal objetivo que era el de controlar al poder
político.
-A
cinco años del nuevo fuero, ¿cuál es su balance?
-Lo de nuevo depende cómo se lo mire. En cuanto a la organización
el fuero ha significado una mayor celeridad y un acercamiento de
la jurisdicción a los justiciables porque hay juzgados en
todos los departamentos judiciales. Antes, el particular y el abogado
tenían que venir a litigar a La Plata, a la Suprema Corte.
Eran muchos kilómetros de distancia.
Pero en su contenido, siento la sensación de una suerte de
fracaso. Hay decisiones que han significado un retroceso para la
ciudadanía en general y creo que no se han logrado avances
en cuanto a la independencia de los magistrados: la mayoría
de los jueces y las cámaras contencioso administrativas evidencian
un marcado compromiso político cuando no, son de extracción
política.
-¿Dónde
sitúa ese escenario?
-El problema está en el Poder Judicial, comenzando en la
Suprema Corte porque sustrae la competencia administrativa donde
hay intereses políticos comprometidos como por ejemplo lo
que pasó con la Ceamse, desautorizando decisiones de primera
y segunda instancia con respecto al relleno sanitario, haciendo
el juego político al gobierno para que el relleno siga funcionando
tal como quería el gobernador.
Esta acción de desautorizar a las otras instancias es muy
grave. Creo que la prensa no ha tomado dimensión de este
asunto. No hace una lectura política.
-¿Cuál
es su lectura?
-Si esto de la Corte hubiera sucedido en el fuero penal. Imagínese
que un juez de primera instancia condena a una persona a 25 años
de prisión, la Cámara confirma esa sentencia y vamos
a suponer que en vez de 25 lo reduce a 23, en definitiva, va a la
Suprema Corte con un recurso extraordinario, donde la discusión
es muy limitada, y lo deja en libertad. Sería un escándalo.
Eso es lo que sucedió con Ceamse: hubo aplicación
de normas que determinaron que ese relleno era ilegal y después
la Corte abrió esa instancia que es absurda pero en definitiva
tiene un interés político que era que el relleno no
se cierre y es lo que ocurrió. El relleno no se cerró.
Además, basta analizar las palabras de Felipe Solá
en la última sesión legislativa agradeciendo a la
Corte y denostando a los jueces de primera instancia, acusándonos
de populistas entre otras cosas. Esto fue una decisión política,
no jurídica.
-¿Ese
caso en la Corte bonaerense lo visualiza como aislado?
-Ocurre que muchos de sus integrantes no son juristas, muchos son
operadores políticos. Hay falta de independencia en la Suprema
Corte y también en las cámaras contencioso administrativas.
Sostengo que tiene que haber una depuración del poder judicial.
Esta Corte no es como la Corte nacional. Es muy distinta. La cuestión
de que se fue Solá y viene Daniel Scioli. La Corte había
dicho que las decisiones de la Junta electoral no eran revisables,
incluso a mí me hicieron juicio político por eso.
Y de buenas a primeras, la Corte cambia de criterio. ¿No
es sorprendente eso? Bueno... sacaron primero el caso De Narváez
para resolver luego el caso Scioli.
La Corte pasó de decir “las decisiones administrativas
no son revisables” a decir “las decisiones son revisables”,
de acuerdo a la conveniencia política.
Con Solá no eran revisables: él pretendía tener
la reelección en la Junta electoral. Pero con Scioli, son
revisables. Y además las revisa directamente la Corte sin
pasar por otra instancia.
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"El
problema está en el Poder Judicial, comenzando en la
Suprema Corte porque sustrae la competencia administrativa
donde hay intereses políticos comprometidos como por
ejemplo lo que pasó con la Ceamse, desautorizando decisiones
de primera y segunda instancia..." |
-¿Es
usual ese salto de instancias?
-La Suprema Corte inventó en contra de su propia doctrina
judicial un fallo en el caso Pizagalli. Se trató de un recurso
extraordinario no contra una resolución judicial, sino contra
un organismo administrativo que es la Junta electoral.
En el caso Pizagalli, la ley había creado un recurso extraordinario
de las decisiones del Tribunal de Cuentas. Y la Corte dijo “la
ley no me puede asignar a mi competencia y no la tengo asumida por
la Constitución”. La declaró inconstitucional
y dijo: “El recurso extraordinario debe tramitar por una vía
contencioso administrativa”.
En esa época, la Corte tenía la competencia y lo tramitaba.
Si hubiera habido juzgado de primera instancia hubiera tramitado
allí.
Pero ahora, de pronto, contraria su propia doctrina. No está
establecido en ninguna ley, va contra las decisiones de un Tribunal
administrativo. Es un absurdo.
-¿Por
qué cree que estos temas no están en el debate público?
-Los medios no vieron esto en el caso. Sólo reprodujeron
el fallo porque dan por sentado que lo que hace la Corte está
bien. Nadie se preguntó por qué no se decidió
en primera instancia. Si el gobernador dicta un decreto se decide
en primera instancia, si el Presidente echa a un empleado se decide
en primera instancia. Para eso están las instancias.
Un problema fundamental es la falta de independencia política
de la Suprema Corte que además mediante acuerdos y reglamentos
que dicta nos han ido cercenando la competencia en materia de amparos.
-¿Se
desdibuja el objetivo inicial del Fuero?
-En vez de ser encargados de controlar el poder político,
nos hemos convertido en un mero apéndice de larva de la administración
tributaria. El horizonte es cada vez más sombrío,
en la medida que se sigan designando magistrados con este sistema
como parte del poder político. Es un doble poder de acción.
Por un lado, no son transparentes los exámenes en el Consejo
de la Magistratura, no hay información suficiente en los
concursos y no hay participación de la sociedad civil en
una cuestión tan importante como es la elección de
los magistrados.
Esta designación entre las sombras es un besa manos constante
de los postulantes que tienen que buscar el padrino político
para poder acceder al cargo. Y por otro lado, los magistrados lógicamente
cada vez más son afines al poder político. Algunos
son operadores políticos dentro del poder judicial.
Creo que es normal que el poder político quiera dominar a
la justicia, esta en la naturaleza del poder querer mantenerlo,
acrecentarlo y reproducirlo pero el poder judicial tiene que crear
mecanismos de defensa y de independencia pero eso no se puede lograr
si los propios jueces de la Corte no son independientes.
En el Poder Judicial, ese tipo de afirmaciones acarrea inconvenientes…
-¿Avisora
una salida?
-Tiene que haber una depuración. El poder judicial en la
provincia de Buenos Aires está muy mal porque no ha sabido
defender su propia independencia. Y eso no se debe a los jueces
de primera instancia. Muchas veces tienen vocación para actuar,
pero en este contexto donde la Corte no es independiente, ¿quién
se va a animar? Solamente un loco como yo. No estoy apoltronado
en mi cargo. Si me tengo que ir me voy. Me he ganado la vida de
distintos modos. Pero lo que no voy a hacer nunca es claudicar con
mis convicciones.
Perfil
Luis Federico Arias tiene 43 años. Su grupo familiar está
compuesto por su mujer y sus dos hijos de 4 y 7 años. Fue
designado por concurso en diciembre de 1999. Comenzó a ejercer
como juez el 15 de diciembre de 2003, como corolario de una larga
batalla para implementar el Fuero Contencioso Administrativo. Obtuvo
en el ‘92 el título de abogado. Se especializó
en Derecho Administrativo en 1997. Cursó estudios de doctorado
en la UNLP. Se dedicó a la profesión libre hasta que
asumió como juez. Se desempeñó como consultor
en organismos públicos nacionales y provinciales, y como
apoderado de municipios.
Javier
Navarrete Ibáñez
judiciales@diariohoy.net
www.diariohoy.net,
LA PLATA Martes 29 Jul 2008
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